lunes, 21 de noviembre de 2011

     Le palpitaba el corazón, notaba sus latidos. Su cuerpo encajaba perfectamente bajo mi hombro.
     -Porque no quiero que me hagan daño. -Tenía miedo, pero no de Casters Oscuros, ni de Íncubos mutantes, ni de ojos dorados. Tenía miedo de algo más sencillo pero más peligroso. Menor pero infinitamente más poderoso.
     La atraje hacia mí.
     -Yo tampoco -dije, porque compartía su miedo.
     No dijimos nada más. Seguí a su lado y pensé en todas las formas en que se puede herir a una persona, en las formas en que podría herirla a ella y herirme yo, dos situaciones que guardaban relación. Es difícil de explicar, pero cuando uno está tan encerrado en sí mismo como yo lo había estado en los últimos meses, hablar con el corazón es como desnudarte en mitad de la iglesia.

     "Los corazones se irán y las estrellas tras ellos, uno está roto y el otro está hueco."

     Ésa había sido nuestra canción y yo había estado roto. ¿Quería decir eso que ahora estaba hueco? ¿O me aguardaba algo diferente a lo que hasta entonces esperaba?
     Una de Pink Floyd, para variar: "Carcajadas huecas en salas de marmol."

Texto: Hermosa oscuridad

No hay comentarios:

Publicar un comentario