-Pero como ya viste anoche, ni siquiera yo sé de lo que soy capaz. -Tiró de la colcha que se extendía entre nosotros, nerviosa. Yo tomé su mano hasta que se recostó a mi lado, apoyada en un codo.
-Nada de eso me importa. Me gustas tal como eres.
-Ethan, apenas sabes nada de mí.
-Eso no es verdad. Sé que escribes poesía, conozco la historia del cuervo que llevas en el collar y sé que te encanta el refresco de naranja, tu abuela y echar Milk Duds a las palomitas.
Durante un instante pensé que iba a sonreír.
-Eso es apenas nada.
-Es un comienzo.

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