lunes, 21 de noviembre de 2011

Calla y bésame.

      ¿Que dónde están los besos que te debo? En una cajita. Que nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan.


     Parpadeó para contener las lágrimas. —Hace tiempo -le confesó a Jack en un susurro- de­seé que tú fueras el primero en besarme. Soñaba con que lo harías algún día. Pero te marchaste, y te estuve espe­rando y no volvías. Y ahora... ya es demasiado tarde.
      Sabía que él no la había oído, y se preguntó si habría sido capaz de decirle aquello cuando pudiera escucharla. Probablemente no.
      Acarició el cabello rubio de Jack y volvió a deslizarse entre las sábanas. Con las mejillas ardiendo, apoyó la ca­beza en la almohada, vuelta en dirección hacia el sillón donde dormía Jack, para no perderlo de vista ni un solo momento. Pero en sus labios todavía había huellas del beso que Kirtash le había dado, y se sintió mezquina, por haber traicionado a su mejor amigo.
      No quería dormirse, pero estaba exhausta, y se dur­mió, y soñó con Kirtash. Y cuando se despertó a la ma­ñana siguiente, sobresaltada y confusa, con las primeras luces del alba, vio que Jack seguía dormido en el sillón, sano y salvo.

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