Él hace guardia al pie de mi lecho todas las noches. Sé que teme que, si me deja sola un instante, la sombra vendrá a por mí. Hace días que no me dice qué pensamientos ocupan su mente, pero no me hace falta. No ha dormido en semanas. Cada noche es una espera terrible e interminable. Coloca cientos de velas en toda la casa, tratando de sembrar de luz cada rincón, para evitar que la oscuridad sirva de amparo a la sombra. Su rostro ha envejecido diez años en apenas un mes.
A veces creo que es todo culpa mía, que si yo desapareciese, su maldición se esfumaría conmigo. Tal vez es eso lo que debo hacer, alejarme de él y acudir a mi cita inevitable con la sombra. Sólo eso nos dará la paz. Lo único que me impide dar ese paso es que no soporto la idea de dejarlo. Sin él, nada tiene sentido. Ni la vida, ni la muerte...
Aprovecho la ocasión para hablaros de los bokeh, que ya me han preguntado un par de veces por ellos.
El bokeh es una técnica de desenfoque, en el que la parte que no está enfocada tiene forma como de manchas suaves de color. Para que lo entendáis mejor, pongo algunos ejemplos:
No tengo demasiados bokeh (yo y mi problema con la luz artificial) pero espero que hayais entendido la idea de bokeh, prometo no rendirme hasta aprender a hacerlos bien.
Por último, gracias a todos aquellos que seguís leyendo este blog, no sabéis cuánto significa para mí (:
Texto: Las luces de septiembre



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