Anaíd se estremeció. Nunca se le había ocurrido que el desamor y el desarraigo fueran simplemente estrategias para evitar el dolor. A lo mejor, los que creía insensibles eran, simplemente, personas heridas.
De todas formas, ¿de cuántas maneras se puede destrozar un corazón y esperar de él que siga latiendo?
Textos: La maldición de Odi, Luna Nueva

No hay comentarios:
Publicar un comentario