lunes, 14 de noviembre de 2011

    Y entonces ella negó con la cabeza, mirandome dulcemente:
    -Estás loca -dije-. ¿Para esto me he jugado que me expulsen?
    De nuevo Sara negó con la cabeza.
    -Yo te convencí a ti. -dijo-, y tú a mí. Yo te convencí para robarlos y tú de que era aprovecharse. Los dos nos salimos con la nuestra.
    -¿Es cierto eso?-dije.
    -No del todo -admitió-. Yo solo quería demostrar que éramos capaces. Lo que importa es el viaje, no la meta. Lo que importa es el camino que no tiene retorno. Lo que cuenta no es el resultado, sino el esfuerzo, el reto, no el fin. Lo que importa no es la vida, sino estar vivos.
    Yo escuchaba, intentando entender lo que ella me decía sin conseguirlo del todo. Trozos negros de papel volaban por el aire a baja altura, se alejaban a saltos, despegando y aterrizando como campeones de triple salto, y las cinco o seis fotocopias se habían consumido ya del todo, con un último gesto retorcido y desmayado.

    -Nos la hemos podido cargar -dije, abatido-. Total, para nada.
    -¿Y los riesgos, y las emociones? -me dijo ella, cogiéndome de la mano, y yo me di cuenta que era la primera vez que me la tomaba, y que lo hacía con dulzura, aunque no blandamente-. ¿Y esos momentos que hemos coleccionado? ¿Y las intrigas, las conspiraciones, nuestra Doble Alianza? ¿Cambiarías todo eso por un notable, o por librarte de diez tardes de estudio?

Texto: Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero.

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