—¡Finnick! —Algo entre un chillido y un grito de alegría. —Una hermosa aunque algo despeinada joven mujer de enredados cabellos oscuros, ojos verde mar corre hacia nosotros envuelta en nada más que una sábana—. ¡Finnick! —Y, de repente, es como si no existiera nadie más en el mundo que ellos dos, chocando con todo en su camino hasta alcanzarse el uno al otro. Chocan, se abrazan, pierden el equilibrio, y se azotan contra una pared, donde permanecen. Convirtiéndose en un solo ser. Indivisible.
Una punzada de celos me golpea. No por Finnick ni Annie, sino por su certeza. Nadie que los viera ahora podría dudar de su amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario