sábado, 12 de noviembre de 2011

Cajón de recuerdos.

      Tengo un pequeño cajón de recuerdos. No es un cajón especial, perdido en la estantería, a primera vista no llama la atención. Porque lo importante no es él, sino lo que contiene. Las mejores cosas de mi vida que he podido guardar están dentro, aunque algunos de los momentos y algunas de las personas no volverán nunca.
  • Cuatro canicas.
  • Un peluche de un conejo.
  • Al menos cien estampas de pokemon
  • Un paquete de pañuelos. Pero uno especial.
  • Todas las cartas que he recibido en mi vida, que no son pocas.
  • Una rosa quemada.
  • Un dibujo de mi prima.
  • Una pulsera.
  • Un corazón pegado con fiso.
  • Tres separapáginas y un trozo de cartulina azul.
  • Un mechero.
  • Las cuentas de una pulsera rota.
  • Un pañuelo firmado por María.
  • Un ticket de una tienda de pulseras de Málaga.
  • La entrada al cine de Harry Potter y las Reliquias de la muerte (Parte II)
  • Una entrada a la sagrada familia.
  • Dos aviones quemados.
  • Un dibujo.
  • Los pony unicornios y toda la saga de dibujos de Francés.
  • El verbo penicilinar.
  • Un papel dorado felicitando la navidad.
  • Un corcho quemado.
  • Un sobre rojo.
  • Un peluche de Mokona.
  • Un espejo del Ayuntamiento de Calicasas.
  • Un sobrecito de sacarina cogido de cierto Dunkin' Coffee de Málaga.
  • Dos dibujos hechos en un hotel de Barcelona.
  • Un llavero de la Torre Eiffel.
  • Conchas pintadas con témpera.
  • Un botecito de estrellas.
  • Monedas de varios países.
  • Una entrada al salón del manga.
  • El diario de Lorca.
     Y esas son todas las pequeñas cosas que he podido recoger a lo largo de mi vida, cosas que representan momentos, lugares, sentimientos, personas. Hay cosas mucho más grandes, que no habrían cabido dentro; los corazones de muchas de esas personas, por ejemplo. Pero esos están dentro de mí. Imborrables, pase lo que pase.

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