¡Lucha!, gritó Edward. ¡Maldita sea, Bella, sigue luchando!
¿Por qué?
Ya no quería seguir peleando. Y no eran ni el mareo ni el frío ni el fallo de mis brazos debido al agotamiento muscular los que me hacían resignarme a quedarme donde estaba. No. Me sentía casi feliz de que todo estuviera a punto de acabar.
Le estaba viendo a él, y no tenía ya voluntad de luchar. Su imagen era vívida, mucho más definida que cualquier recuerdo.
¡No! ¡Bella, no!
Su voz sonaba más clara que nunca a pesar de que el agua helada me llenaba los oídos.
Ya había olvidado en qué consistía la auténtica felicidad.
Felicidad. Hacía que la experiencia de morir fuese más que soportable.
"Adiós, te quiero" fue mi último pensamiento.

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