Comprendí demasiado tarde que habría debido aprender a amortiguar mis caídas, también las involuntarias. Era consciente de que no podía seguir así, pero no podía evitarlo. En cada espectáculo quería morir y renacer, ¡una cuestión de coraje! Por mucho que se activaran las alarmas, cantaba con todas mis fuerzas para no oírlas y proporcionarme el valor para arañar unos segundos más de eternidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario